Perimenopausia y posmenopausia: tres pilares esenciales que toda mujer debe conocer
4 de diciembre de 2025 4 de diciembre de 2025, 17:24Perimenopausia y posmenopausia: tres pilares esenciales que toda mujer debe conocer
Introducción
La perimenopausia y la posmenopausia no solo se caracterizan por los sofocos. Tambien implican cambios metabólicos, óseos, cardiovasculares y otros cambios en la salud que a menudo comienzan años antes de que cesen los períodos, a veces incluso cuando la mujer todavía se siente «bien».
Comprender estos cambios desde el principio, así como las opciones hormonales y no hormonales con respaldo científico, permite a las mujeres tomar decisiones informadas y seguras sobre su salud a largo plazo.
Este artículo resume los tres pilares esenciales que toda mujer debería conocer. Cada pilar se basa en evidencia científica sólida y en el consenso de las principales sociedades internacionales de menopausia.
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1. Terapia hormonal: cuándo está indicada y es segura
La terapia hormonal menopáusica (MHT) reemplaza el estrógeno y la progesterona que tus ovarios ya no producen.
Para muchas mujeres, la MHT es la herramienta más eficaz para:
- Síntomas vasomotores moderados a graves (sofocos, sudores nocturnos, trastornos del sueño)
- Síndrome genitourinario de la menopausia (sequedad vaginal, relaciones sexuales dolorosas, síntomas urinarios)
- Prevención de la osteoporosis
- Insuficiencia ovárica prematura (IOP)
¿Por qué son importantes las hormonas?
El estrógeno influye en mucho más que los síntomas: favorece la formación ósea, la función muscular, el metabolismo de la glucosa, los vasos sanguíneos, la cognición, los tejidos pélvicos y otros sistemas esenciales para la salud.
Cuando los niveles disminuyen, estos sistemas cambian, a menudo rápidamente, provocando alteraciones en la distribución de la grasa, la densidad ósea, el estado de ánimo y la salud urinaria, entre otros.
Tipos de terapia hormonal
El estrógeno puede administrarse de forma transdérmica —como parches o gel aplicados sobre la piel—, que se prefiere por su menor riesgo de coágulos sanguíneos. También existe en formulaciones orales, o en forma de estrógeno vaginal para síntomas locales..
La progesterona se suele añadir si la mujer tiene útero, o en casos seleccionados, como endometriosis previa, para proteger cualquier tejido endometrial restante.
La progesterona micronizada es la más parecida a la progesterona que produce nuestro cuerpo y, por lo general, se tolera bien.
Otras progestinas sintéticas tienen acciones adicionales, por ejemplo:
• androgénicas (pueden empeorar acné y caída del cabello),
• antiandrogénicas (pueden mejorar acné y caída del cabello),
• antimineralocorticoides (reducen retención de líquidos).
Estas características pueden ser útiles en situaciones específicas, pero también aumentar efectos secundarios
La testosterona no es un tratamiento habitual para la menopausia, pero en determinadas mujeres posmenopáusicas puede recetarse para tratar el trastorno del deseo sexual hipoactivo (HSDD) tras una evaluación clínica adecuada. Cuando está indicado, se utiliza en dosis fisiológicas siguiendo recomendaciones cientificas internacionales (IMS, NAMS, BMS).
Otras opciones hormonales incluyen estrógenos vaginales en dosis bajas para los síntomas genitourinarios, tibolona (para determinadas mujeres después de la menopausia) y CEE combinado con bazedoxifeno, que combina estrógenos con un SERM para la protección endometrial.
¿Quiénes deben evitar la THM?
Las principales sociedades internacionales coinciden en las contraindicaciones clave:
- Historia del cáncer de mama
- Enfermedad cardiovascular o tromboembólica activa
- Sangrado vaginal inexplicable
- Embarazo
- Se debe evitar el uso de estrógenos orales en mujeres con obesidad, hipertensión no controlada, triglicéridos altos, tabaquismo o migraña con aura. En estos casos, se suele preferir el estrógeno transdérmico, que se puede utilizar de forma segura.
2. Opciones médicas no hormonales
No todas las mujeres pueden —o quieren— utilizar la terapia hormonal. En estos casos, existen medicamentos no hormonales con buena evidencia que pueden ayudar.
Para los sofocos y los sudores nocturnos:
- Fezolinetant: medicamento no hormonal que actúa en el cerebro para reducir los síntomas vasomotores. (sofocos y sudores nocturnos).
- Ciertos antidepresivos (como la venlafaxina, el escitalopram o la paroxetina) pueden reducir los sofocos y se recomiendan cuando no se utiliza la terapia hormonal.
- La gabapentina puede ayudar especialmente con los sudores nocturnos en algunas mujeres.
Para la protección ósea cuando existe riesgo de osteoporosis:
- Los bifosfonatos (como el alendronato o el risedronato), el denosumab o, en casos de riesgo muy elevado, el romosozumab pueden reducir el riesgo de fracturas sin necesidad de utilizar hormonas. Por lo general, se recetan tras una evaluación por parte de un especialista.
3. Terapias complementarias: un apoyo, no un sustituto
Las terapias complementarias pueden ser muy valiosas cuando se utilizan junto con el tratamiento médico, pero no restauran el equilibrio hormonal que cambia en estas etapas.
• Entrenamiento de fuerza e impacto de alta intensidad → puede estimular la formación ósea, mejorar la masa muscular y reducir el riesgo de caídas. Es una de las estrategias complementarias más eficaces para la salud ósea.
• Pérdida de peso, reducción de la grasa visceral y aumento de la masa muscular → favorece la salud metabólica y cardiovascular.
- Nutrición personalizada → favorece el metabolismo, los músculos, el peso y la salud ósea.
- TCC → reduce los sofocos, los trastornos del sueño y la ansiedad.
- Yoga, mindfulness y meditación → beneficiosos para el estrés y el bienestar general.
Estos métodos complementan los pilares médicos, pero por sí solos no pueden revertir la pérdida ósea, la inestabilidad vasomotora ni los cambios metabólicos provocados por los estrógenos.
Programa de apoyo médico para un peso saludable
Terapias alternativas
La acupuntura, la homeopatía, las hierbas, las alternativas hormonales «naturales» y los suplementos no abordan los cambios hormonales, metabolicos ni cardiovasculares subyacentes ni muestran eficacia clínica para reducir los síntomas o proteger la salud a largo plazo.
Las mujeres que se basan exclusivamente en estos enfoques suelen llegar a los 50 o 60 años con osteoporosis o pérdida ósea, y con riesgos metabólicos, cardiovasculares y genitourinarios que se podrían prevenir, entre otros.
Conclusión: uniendo los tres pilares
Las necesidades de cada mujer son diferentes. Algunas requieren terapia hormonal; otras se benefician de opciones no hormonales; todas se benefician de una base sólida en su estilo de vida.
La clave está en elegir el pilar adecuado en el momento adecuado, basándose en sus síntomas, riesgos personales y objetivos a largo plazo.
Para profundizar en cada pilar, con explicaciones, diagramas y conocimientos clínicos, puede leer mi libro:
Menopausia: los tres pilares que toda mujer debería conocer.
Referencias
2. Ensayo controlado aleatorio LIFTMOR. 2017