
La perimenopausia y la posmenopausia no solo se caracterizan por los sofocos. Tambien implican cambios metabólicos, óseos, cardiovasculares y otros cambios en la salud que a menudo comienzan años antes de que cesen los períodos, a veces incluso cuando la mujer todavía se siente «bien».
Comprender estos cambios desde el principio, así como las opciones hormonales y no hormonales con respaldo científico, permite a las mujeres tomar decisiones informadas y seguras sobre su salud a largo plazo.
Este artículo resume los tres pilares esenciales que toda mujer debería conocer. Cada pilar se basa en evidencia científica sólida y en el consenso de las principales sociedades internacionales de menopausia.
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La terapia hormonal menopáusica (MHT) reemplaza el estrógeno y la progesterona que tus ovarios ya no producen.
Para muchas mujeres, la MHT es la herramienta más eficaz para:
El estrógeno influye en mucho más que los síntomas: favorece la formación ósea, la función muscular, el metabolismo de la glucosa, los vasos sanguíneos, la cognición, los tejidos pélvicos y otros sistemas esenciales para la salud.
Cuando los niveles disminuyen, estos sistemas cambian, a menudo rápidamente, provocando alteraciones en la distribución de la grasa, la densidad ósea, el estado de ánimo y la salud urinaria, entre otros.
El estrógeno puede administrarse de forma transdérmica —como parches o gel aplicados sobre la piel—, que se prefiere por su menor riesgo de coágulos sanguíneos. También existe en formulaciones orales, o en forma de estrógeno vaginal para síntomas locales..
La progesterona se suele añadir si la mujer tiene útero, o en casos seleccionados, como endometriosis previa, para proteger cualquier tejido endometrial restante.
La progesterona micronizada es la más parecida a la progesterona que produce nuestro cuerpo y, por lo general, se tolera bien.
Otras progestinas sintéticas tienen acciones adicionales, por ejemplo:
• androgénicas (pueden empeorar acné y caída del cabello),
• antiandrogénicas (pueden mejorar acné y caída del cabello),
• antimineralocorticoides (reducen retención de líquidos).
Estas características pueden ser útiles en situaciones específicas, pero también aumentar efectos secundarios
La testosterona no es un tratamiento habitual para la menopausia, pero en determinadas mujeres posmenopáusicas puede recetarse para tratar el trastorno del deseo sexual hipoactivo (HSDD) tras una evaluación clínica adecuada. Cuando está indicado, se utiliza en dosis fisiológicas siguiendo recomendaciones cientificas internacionales (IMS, NAMS, BMS).
Otras opciones hormonales incluyen estrógenos vaginales en dosis bajas para los síntomas genitourinarios, tibolona (para determinadas mujeres después de la menopausia) y CEE combinado con bazedoxifeno, que combina estrógenos con un SERM para la protección endometrial.
Las principales sociedades internacionales coinciden en las contraindicaciones clave:
En la perimenopausia y la posmenopausia, no todas las mujeres pueden o desean utilizar la terapia hormonal. En estos casos, existen medicamentos no hormonales con buena evidencia que pueden ayudar.
Las terapias complementarias pueden ser muy valiosas cuando se utilizan junto con el tratamiento médico, pero no restauran el equilibrio hormonal que cambia en estas etapas.
• Entrenamiento de fuerza e impacto de alta intensidad → puede estimular la formación ósea, mejorar la masa muscular y reducir el riesgo de caídas. Es una de las estrategias complementarias más eficaces para la salud ósea.
• Pérdida de peso, reducción de la grasa visceral y aumento de la masa muscular → favorece la salud metabólica y cardiovascular.
Estos métodos complementan los pilares médicos, pero por sí solos no pueden revertir la pérdida ósea, la inestabilidad vasomotora ni los cambios metabólicos provocados por los estrógenos.
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La acupuntura, la homeopatía, las mezclas de hierbas, las alternativas hormonales «naturales» y los suplementos no regulados no abordan los cambios hormonales subyacentes en la perimenopausia o la posmenopausia, ni muestran eficacia clínica para reducir los síntomas.
Las mujeres que se basan exclusivamente en estos enfoques suelen llegar a los 50 o 60 años con osteoporosis o pérdida ósea, y con riesgos metabólicos, cardiovasculares y genitourinarios que se podrían prevenir, entre otros.
Las necesidades de cada mujer son diferentes. Algunas requieren terapia hormonal; otras se benefician de opciones no hormonales; todas se benefician de una base sólida en su estilo de vida.
La clave está en elegir el pilar adecuado en el momento adecuado, basándose en sus síntomas, riesgos personales y objetivos a largo plazo.
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